¡No! ni hablar.
Era el mismo.
Pero, claro, nunca se supuso que el sultán estuviera colocado.
Y, entonces la chica, que era listisima.
Se dijo.
Menudo sultán pendenciero, drogadicto y colocon.
A este se la cuelo.
Y, se la coló.
El mismo cuento día tras día.
El sultán, que siendo moro, no tomaba alcohol, pero de hachís y otras alternativas hasta el morro se ponía.
Nunca noto que el mismo cuento le repetía.
Conclusión:
No seas moro y tonto.
No seas drogadicto y simplón.
Pues cualquier Sherezade, te dará el colon.
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