sábado, 13 de diciembre de 2008

Oda al jamon

¡Que tristeza!
Sola se queda Fonseca y en el hueso el jamón.
Con cuanta alegría se le recibe.
¡Ha llegado el jamón!
Los amigos se reunen, se empieza a preparar el jamonero, los utensilios.
Un gran despliegue de alborbolas.
Que marca.
Que cinco jotas.
Que tocino.
Esta en su punto.
Anda, empieza a cortarlo.
Abrir el vino.
Brindemos.
¡Niño! cortalo bien, no tan gordo, a trocitos pequeños.
Se van pasando los platos.
¡Comed!
Que se corta mas.
¡Bebed!
Que no falte la alegría.
Y así un día y otro, hasta que llega un momento, que lo miras y dices.
Como ha adelgazado, la grasa ya no chorrea.
¡No le queda!
La poca carne, son pedacitos pegados al hueso.
Un manto lo oculta, se averguenza, no quiere mostrarse.
Solo se le ve la pezuña.
¡Aun desprende aroma!
No te preocupes, ni te averguences.
Ese dulce aroma sera tu esquela.
Tu réquiem cantinpace en los numerosos pucheros.
Y siempre se dirá.
¡Que jamón!

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