miércoles, 27 de agosto de 2008

El amigo

Me gustaría a veces tener un amigo, al que pudiera comunicar mis escritos, sin que el pensara, sin que el me juzgara.
Solo que el sintiera.
Sintiera el alma embotada de emoción, sin recuerdo, solo eso emoción.
Emoción de lágrimas derramadas, en medio de una música deslumbrante.
De un empezar de nuevo.
De un no reproche.
De una ciudad comenzada.
De un pasear descubridor.
En realidad, eso lo tuve.
Lo tuve en un comienzo, los paseos, las ensoñaciones.
Aquí una casa ¿ Si pudiéramos ?
Pudimos.
Pero esta alma escrita por demonios infernales, no paro.
Imploro al becerro de oro, a que ocurriera.
Y, ocurrió, que imbuidos por el deber jodido, nos volvimos atrás, al envilecimiento, al narcisismo y buscamos lo que ya teníamos, pero no reconocíamos.
¿ Que paso ?
Paso, que nuestra mente fluctuó, en un no reconocimiento, nos encandilamos en platillos volatiles, en centelleos ojimetros y fallo.
Hubo que volver al principio.

No hay comentarios: