miércoles, 20 de agosto de 2008

Paco

No había nombres, solo hermano y hermana, pillerías y poco mas.
Pero si había, amor a manos llenas. Uno no existía sin el otro.
Yo, creyéndome, grande, poderosa, era su guardiana. El era pequeño, hermoso, besable.
Mama decía, cuida de tu hermano, llevate a tu hermano.
Todo iba perfecto.
Pero los años pasan y llega la tonta adolescencia.
El hermano pesaba, el decía, voy contigo.
Yo, argumentaba cualquier escusa.
Quería ser libre.
El amor había sido extrapolado a las amigas, eran mas divertidas, mas molonas y no quería tener testigos.
Sin darme cuenta, heria su sensibilidad.
Años después, me informo de los desplantes, volvimos a comunicarnos, a ser complices.
El paso de ser pequeñito a ser grandote, de hermano a Don Paco.
Funcionario carismático, economista, amante de la literatura, amante de su familia, corazón generoso, participe de tertulias literarias.
¡Hermano!
Hemos recorrido un gran trecho de vida, lo que nos queda es la incógnita.
Esa que con tu espíritu y el mio la haremos verdad.

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