lunes, 13 de octubre de 2008

Escenas cotidianas:whisky

Un vaso de whisky, da para todo.
Primero, para ser o no ser espía de Dios.
Mas bien Dios lo sabe y nos manda a los mortales, a interrogar a otros mortales, en sus inclinaciones alcohólicas.
Hay que ver lo que nos gusta amaestrar al ser humano.
El dar ordenes.
El convertirnos en represores.
Todo es uno.
¡Pero!
Que nos lo hagan a nosotros.
Entonces arremetemos, contra el que o la que nos quiera aleccionar, invocando a toda clase de improperios y de libertades.
La vida se construye de distintas maneras.
Una la que estamos seguros.
¡No!
Segurisimos de tener la razón.
Dos, lo que opinan los demás a los que freímos con nuestras inquisiciones.
Y ¿Donde esta la verdad?
Esa ni la reconocemos, ni la vamos a reconocer.
Y menos en un estado aleccionante.
Que es en el que yo me encuentro en este momento.
Otro día, seré mas compasiva.
Pero, hoy influenciada por el astro Rey.
Me siento como tal.

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